“Generalmente cuando ocurre un
desastre se habla mucho de la cantidad de víctimas, la cantidad de muertos, la
cantidad de dinero perdido en servicios públicos esenciales colapsados u obras
de infraestructura arruinadas; así mismo se ha escrito mucho sobre el impacto
psicológico de las víctimas y la comunidad expuesta a un desastre, sin embargo
existe un tipo de víctima oculta y que tiende a pasar desapercibida en parte
por su resistencia a aceptar que ellos también son vulnerables son los propios
integrantes de los equipos de respuesta.
Jeffrey Mitchell (1989) Presidente de
la International Critical Stress Foundation, Inc.USA, experto en el tema
manifiesta que los trabajadores de emergencias aunque pretendan negarlo también
son vulnerables al impacto psicológico negativo del trabajo en desastres. Él
manifiesta que el estar expuesto a demandas tales como las labores de triage,
la violencia social, el contacto con cadáveres seriamente mutilados, restos
humanos esparcidos o calcinados, así como el trabajo en ambientes altamente
tóxicos o de gran riesgo para la integridad física, aunado a problemas de tipo
organizativo, familiar o interpersonal; van a ejercer un impacto de
repercusiones importantes sobre la salud física y mental de los integrantes de
los equipos de respuesta” (Valero, 2001).
ANTECEDENTES
Valero
(2001, p. 5) manifiesta que Lifton (1967) fue uno de los primeros
investigadores que se dio cuenta del deterioro psicológico que presentaban los
miembros de los equipos que ejecutaban operaciones de rescate. Ante ello,
observó que dicha población expresaba reacciones emocionales prolongadas, como
impresión de la muerte, sentimientos de culpa, sobre todo en aquellos que
asistieron a los afectados por el bombardeo atómico en Hiroshima.
Asimismo, Valero (2001) nos dice que
en las entrevistas clínicas efectuadas a trabajadores durante y después de ser
sometidos a una situación de desastre se obtuvo evidencias de problemas
afectivos y cognitivos, siendo las manifestaciones más frecuentes la inquietud,
el agotamiento, la frustración, el enfado, la irritabilidad, melancolía (p. 5).
En sus estudios, Brien (1979) y
Mitchell (1982) descubrieron que los socorristas tienen la capacidad de
controlar y reprimir sus emociones, con el propósito de no quedarse
inmovilizados en la zona de desastre y que dichas escenas no interfieran con su
labor, mas esta capacidad puede actuar de forma negativa y acarrear a largo
plazo trastornos del sueño, del pensamiento y del carácter (Valero, 2001, p. 5).
Wikinson (1983) encontró en las
entrevistas que realizó a 102 afectados por un desastre, incluyendo 48
rescatadores y trabajadores administrativos que el 50% de los trabajadores
expresaron enfado de los cuales el 20% mostraron enfado generalizado y los
restantes a personas específicas vinculadas al desastre (Valero, 2001, p. 6).
El National Institute of Mental
Health (NIMH) expresa que la característica típica de las reacciones
psicológicas producto de un factor estresante es la presencia de pensamientos
desagradables recurrentes e inevitables, los cuales suelen presentarse al
momento de dormir o en el caso del olor a la carne de parrilla puede recordarle
los restos quemados que tuvo que recuperar (Valero, 2001, p. 6).
En una investigación realizada por
Valero en 1996 a ocho meses del accidente aéreo del avión Faucett en Arequipa,
se halló que el 62% de los equipos de recuperación de cadáveres manifestaban
pensamientos intrusos durante la primera semana, aproximadamente el 98%
expresaron que algo cambió en sus vidas y se sentían diferente a como eran
antes, un voluntario de 19 años se suicidó meses después (Valero, 2001, p. 7).
EQUIPO DE PRIMERA RESPUESTA
Valero define al equipo
de primera respuesta como “el conjunto de personas que integran una determinada
organización y prestan sus servicios en los momentos iniciales en situaciones
de emergencias o desastres en diferentes funciones de primera línea, como ayuda
humanitaria y servicios de salud, y otras labores operativas de campo, como el
combate de incendios, el rescate de personas, la atención de heridos, etc.”
(OPS, 2006).
Todas aquellas personas que llevan
a cabo este tipo de labor sea durante una sola experiencia o por largo tiempo
son vulnerables al estrés. El estrés agudo es uno de las
enfermedades ocupacionales más graves en el servicio de emergencia, puesto que
causa daños tanto en la salud, la eficiencia en el trabajo como en la vida
familiar y espiritual. Asimismo, los problemas emocionales pueden conllevar a
un mayor consumo de sustancias psicoactivas. Es por ello que la responsabilidad
de los líderes es proteger la salud física y mental de los miembros de los
equipos de respuesta, con el objetivo de garantizar el cumplimiento exitoso de
las tareas y evitar los efectos destructivos del estrés (OPS, 2006).
De acuerdo con la OPS (2006), el
trabajo en situaciones de desastres y
emergencias implica hacer frente a distintas situaciones estresantes, tales
como:
- Largas horas de esfuerzo continuado.
- Lucha contra el tiempo por salvar vidas.
- Trabajo en ambientes adversos (estructuras colapsadas, derrames químicos, etc.).
- Trabajo en condiciones climáticas adversas (lluvias persistentes, réplicas de sismos y otras).
- Labores pesadas (como remoción de escombros).
- Presión por tener que trabajar ante la presencia de periodistas.
- Equipo inadecuado o insuficiente.
- Alteración en el ritmo diario de vida (como dormir y comer).
- Labor de triage (procedimiento utilizado para clasificar a los heridos, lesionados y afectados, en el lugar del incidente, según su gravedad y prioridad para la atención y evacuación).
- Servicios públicos esenciales destruidos.
- Presión por parte del público por encontrar a sus familiares desaparecidos.
- Información confusa o contradictoria, rumor o desinformación.
FACTORES DE RIESGO
La OPS (2010, p.26) considera que es
necesario tener presente los factores de riesgo que influyen en el desempeño de
los equipos de primera respuesta, dado que condicionan la aparición de
distintos problemas psicosociales. Entre los factores a tomar en cuenta están:
INCIDENTE
CRÍTICO EN ESTRÉS
Davis Michael (1996, citado por
Valero, 2001) lo conceptualiza como “la situación que experimentan los
trabajadores de emergencias que enfrentan un trauma repentino y específico como
puede ser la falla en la misión, la presencia de excesivo sufrimiento humano,
situaciones amenazantes para la integridad física de los equipos de respuesta,
la perdida de compañeros de equipo o presenciar su accidente o heridas” (p. 20).
El incidente crítico lleva consigo
diversas reacciones emocionales, conductuales y fisiológicas, las cuales
interfieren con su capacidad para actuar de forma inmediata en la zona de
desastre o después al retornar a su vida laboral y familiar.
Esta hormona que es
liberada por la glándula tiroides se presenta particularmente en situaciones en
que una persona ha sufrido un incidente crítico o alguna pérdida severa. Los
efectos se producen al cabo del segundo o tercer día y permanecen de 6 a 8
días. Los síntomas son:
- Temblor fino de los músculos.
- Preocupación, inquietud.
- Paranoia.
- Insomnio.
- Pensamientos acelerados.
- Aumento de la temperatura interna del cuerpo.
- Aumento de la secreción de los ácidos gástricos.
- Aumento de la motilidad gastrointestinal.
La endorfina actúa
haciendo que las personas no perciban el dolor de una herida, la lucha contra
un incendio. Ocasiona anhedonia, paralización emocional general, disociación,
incapacidad para recordar el evento traumático, la sensación de estar escindido
de la vida, etc.
Los cambios producidos
por el suceso traumático conllevan a un exceso en la segregación de esta
hormona, activando al organismo para estar en alerta ante una emergencia que no
existe. Los síntomas que se presentan son: sudoración, miedo, escalofrío,
temblor y quizás alguna escena retrospectiva.
Referencias
Bibliográficas
Valero, S. (2001). Manual para el cuidado de la salud mental de
los equipos de primera respuesta. Recuperado de: http://bvpad.indeci.gob.pe/doc/pdf/esp/doc728/doc728-contenido.pdf
OPS. (2006). Guía práctica de la salud mental en situaciones de
desastres. Recuperado de: http://www.who.int/mental_health/paho_guia_practicade_salud_mental.pdf
OPS. (2010). Apoyo psicosocial en emergencias y desastres: Guía
para equipos de respuesta. Recuperado de:
http://api.ning.com/files/953bHOXu9W1Ahxrrln1TQ3DdRPKZf5-fVggPdk83mW9*cTAvj4onWTDWEweLXYRXsPlACTHwwcQ0EW3RH6aa0pxylSX-8Oqz/APOYOPSICOSOCIALENEMERGENCIASHUMANITARIASYDESASTRES.pdf












