sábado, 2 de noviembre de 2013

EQUIPOS DE PRIMERA RESPUESTA: VÍCTIMAS OCULTAS

“Generalmente cuando ocurre un desastre se habla mucho de la cantidad de víctimas, la cantidad de muertos, la cantidad de dinero perdido en servicios públicos esenciales colapsados u obras de infraestructura arruinadas; así mismo se ha escrito mucho sobre el impacto psicológico de las víctimas y la comunidad expuesta a un desastre, sin embargo existe un tipo de víctima oculta y que tiende a pasar desapercibida en parte por su resistencia a aceptar que ellos también son vulnerables son los propios integrantes de los equipos de respuesta.

Jeffrey Mitchell (1989) Presidente de la International Critical Stress Foundation, Inc.USA, experto en el tema manifiesta que los trabajadores de emergencias aunque pretendan negarlo también son vulnerables al impacto psicológico negativo del trabajo en desastres. Él manifiesta que el estar expuesto a demandas tales como las labores de triage, la violencia social, el contacto con cadáveres seriamente mutilados, restos humanos esparcidos o calcinados, así como el trabajo en ambientes altamente tóxicos o de gran riesgo para la integridad física, aunado a problemas de tipo organizativo, familiar o interpersonal; van a ejercer un impacto de repercusiones importantes sobre la salud física y mental de los integrantes de los equipos de respuesta” (Valero, 2001).


ANTECEDENTES

       Valero (2001, p. 5) manifiesta que Lifton (1967) fue uno de los primeros investigadores que se dio cuenta del deterioro psicológico que presentaban los miembros de los equipos que ejecutaban operaciones de rescate. Ante ello, observó que dicha población expresaba reacciones emocionales prolongadas, como impresión de la muerte, sentimientos de culpa, sobre todo en aquellos que asistieron a los afectados por el bombardeo atómico en Hiroshima.

Asimismo, Valero (2001) nos dice que en las entrevistas clínicas efectuadas a trabajadores durante y después de ser sometidos a una situación de desastre se obtuvo evidencias de problemas afectivos y cognitivos, siendo las manifestaciones más frecuentes la inquietud, el agotamiento, la frustración, el enfado, la irritabilidad, melancolía (p. 5).

En sus estudios, Brien (1979) y Mitchell (1982) descubrieron que los socorristas tienen la capacidad de controlar y reprimir sus emociones, con el propósito de no quedarse inmovilizados en la zona de desastre y que dichas escenas no interfieran con su labor, mas esta capacidad puede actuar de forma negativa y acarrear a largo plazo trastornos del sueño, del pensamiento y del carácter (Valero, 2001, p. 5).

Wikinson (1983) encontró en las entrevistas que realizó a 102 afectados por un desastre, incluyendo 48 rescatadores y trabajadores administrativos que el 50% de los trabajadores expresaron enfado de los cuales el 20% mostraron enfado generalizado y los restantes a personas específicas vinculadas al desastre (Valero, 2001, p. 6).

El National Institute of Mental Health (NIMH) expresa que la característica típica de las reacciones psicológicas producto de un factor estresante es la presencia de pensamientos desagradables recurrentes e inevitables, los cuales suelen presentarse al momento de dormir o en el caso del olor a la carne de parrilla puede recordarle los restos quemados que tuvo que recuperar (Valero, 2001, p. 6).

En una investigación realizada por Valero en 1996 a ocho meses del accidente aéreo del avión Faucett en Arequipa, se halló que el 62% de los equipos de recuperación de cadáveres manifestaban pensamientos intrusos durante la primera semana, aproximadamente el 98% expresaron que algo cambió en sus vidas y se sentían diferente a como eran antes, un voluntario de 19 años se suicidó meses después (Valero, 2001, p. 7).


EQUIPO DE PRIMERA RESPUESTA

Valero define  al equipo de primera respuesta como “el conjunto de personas que integran una determinada organización y prestan sus servicios en los momentos iniciales en situaciones de emergencias o desastres en diferentes funciones de primera línea, como ayuda humanitaria y servicios de salud, y otras labores operativas de campo, como el combate de incendios, el rescate de personas, la atención de heridos, etc.” (OPS, 2006).

Todas aquellas personas que llevan a cabo este tipo de labor sea durante una sola experiencia o por largo tiempo son vulnerables al estrés. El estrés agudo es uno de las enfermedades ocupacionales más graves en el servicio de emergencia, puesto que causa daños tanto en la salud, la eficiencia en el trabajo como en la vida familiar y espiritual. Asimismo, los problemas emocionales pueden conllevar a un mayor consumo de sustancias psicoactivas. Es por ello que la responsabilidad de los líderes es proteger la salud física y mental de los miembros de los equipos de respuesta, con el objetivo de garantizar el cumplimiento exitoso de las tareas y evitar los efectos destructivos del estrés (OPS, 2006).

De acuerdo con la OPS (2006), el trabajo en situaciones de desastres  y emergencias implica hacer frente a distintas situaciones estresantes, tales como:
  • Largas horas de esfuerzo continuado.
  • Lucha contra el tiempo por salvar vidas.
  • Trabajo en ambientes adversos (estructuras colapsadas, derrames químicos, etc.).
  • Trabajo en condiciones climáticas adversas (lluvias persistentes, réplicas de sismos y otras).
  • Labores pesadas (como remoción de escombros).
  • Presión por tener que trabajar ante la presencia de periodistas.
  • Equipo inadecuado o insuficiente.
  • Alteración en el ritmo diario de vida (como dormir y comer).
  • Labor de triage (procedimiento utilizado para clasificar a los heridos, lesionados y afectados, en el lugar del incidente, según su gravedad y prioridad para la atención y evacuación).
  • Servicios públicos esenciales destruidos.
  • Presión por parte del público por encontrar a sus familiares desaparecidos.
  • Información confusa o contradictoria, rumor o desinformación.

FACTORES DE RIESGO

La OPS (2010, p.26) considera que es necesario tener presente los factores de riesgo que influyen en el desempeño de los equipos de primera respuesta, dado que condicionan la aparición de distintos problemas psicosociales. Entre los factores a tomar en cuenta están:






 


INCIDENTE CRÍTICO EN ESTRÉS

Davis Michael (1996, citado por Valero, 2001) lo conceptualiza como “la situación que experimentan los trabajadores de emergencias que enfrentan un trauma repentino y específico como puede ser la falla en la misión, la presencia de excesivo sufrimiento humano, situaciones amenazantes para la integridad física de los equipos de respuesta, la perdida de compañeros de equipo o presenciar su accidente o heridas” (p. 20).

El incidente crítico lleva consigo diversas reacciones emocionales, conductuales y fisiológicas, las cuales interfieren con su capacidad para actuar de forma inmediata en la zona de desastre o después al retornar a su vida laboral y familiar.

Esta hormona que es liberada por la glándula tiroides se presenta particularmente en situaciones en que una persona ha sufrido un incidente crítico o alguna pérdida severa. Los efectos se producen al cabo del segundo o tercer día y permanecen de 6 a 8 días. Los síntomas son:
  • Temblor fino de los músculos.
  • Preocupación, inquietud.
  • Paranoia.
  • Insomnio.
  •  Pensamientos acelerados.
  • Aumento de la temperatura interna del cuerpo.
  • Aumento de la secreción de los ácidos gástricos.
  • Aumento de la motilidad gastrointestinal.
El efecto Endorfina
        
       La endorfina actúa haciendo que las personas no perciban el dolor de una herida, la lucha contra un incendio. Ocasiona anhedonia, paralización emocional general, disociación, incapacidad para recordar el evento traumático, la sensación de estar escindido de la vida, etc.


Los cambios producidos por el suceso traumático conllevan a un exceso en la segregación de esta hormona, activando al organismo para estar en alerta ante una emergencia que no existe. Los síntomas que se presentan son: sudoración, miedo, escalofrío, temblor y quizás alguna escena retrospectiva.



Referencias Bibliográficas

Valero, S. (2001). Manual para el cuidado de la salud mental de los equipos de primera respuesta. Recuperado de: http://bvpad.indeci.gob.pe/doc/pdf/esp/doc728/doc728-contenido.pdf

OPS. (2006). Guía práctica de la salud mental en situaciones de desastres. Recuperado de: http://www.who.int/mental_health/paho_guia_practicade_salud_mental.pdf

OPS. (2010). Apoyo psicosocial en emergencias y desastres: Guía para equipos de respuesta. Recuperado de: http://api.ning.com/files/953bHOXu9W1Ahxrrln1TQ3DdRPKZf5-fVggPdk83mW9*cTAvj4onWTDWEweLXYRXsPlACTHwwcQ0EW3RH6aa0pxylSX-8Oqz/APOYOPSICOSOCIALENEMERGENCIASHUMANITARIASYDESASTRES.pdf


PROTECCIÓN DE LA SALUD MENTAL DE LOS EQUIPOS DE RESPUESTA

ACTIVIDADES PREVENTIVAS

La OPS (2006, P. 144) sugiere algunas actividades a ejecutar para prevenir los efectos negativos de la labor de los equipos de respuesta, siendo estas:
  • Debe existir una cuidadosa selección de los postulantes, con descarte de personas con trastornos de personalidad.
  • Definir los perfiles para cada tipo de especialidad o labor, con el fin de designar al personal más competente para cada tipo de tarea.
  • Realizar como parte de las actividades anuales un proceso de evaluación en salud mental para identificar de manera oportuna el agotamiento emocional, los síntomas de estrés postraumático y otros trastornos psíquicos.
  • Realizar actividades de prevención del estrés ocupacional y autocuidado de la salud mental, empleando para ello materiales educativos de fácil lectura y comprensión.
  • Incluir en las actividades de protección de la salud mental una amplia gama de trabajadores.
  • Extender los cuidados de la salud mental a las familias de los integrantes de los equipos de respuesta para prevenir la violencia u otros conflictos, como involucrarlos en el conocimiento del trabajo que realizan y el estrés al que están sometidos.
  • Los programas de capacitación y entrenamiento deben evaluar la capacidad de los participantes para trabajar bajo presión, realizar las labores de equipo, tolerar la frustración y manejar el miedo.
  • Enseñar a reconocer las reacciones psicológicas que requieren una acción correctiva inmediata, para así brindar el apoyo necesario de manera oportuna.
  • Formar un grupo de intervención en crisis integrado por personal con experiencia, cuya función será informar a la familia acerca de la situación de los miembros del equipo de respuesta (lesiones o fallecimiento).


La alimentación debe ser un aspecto importante a considerar para mantener al equipo activo y funcionando. Al respecto se mencionan algunas sugerencias (OPS, 2006):
  • Se recomienda la ingesta de vitamina B y C en mayores cantidades, adicionalmente a los que se consumen en los alimentos, pues en situaciones de estrés agudo o crónico, estas resultan insuficientes.
  • Se sugiere ingerir de manera periódica líquidos, que contengan sobre todo electrolitos o jugos naturales, que puedan llevarse en termos o cantimploras.
  • Resulta saludable evitar el consumo de alimentos ricos en azúcares, particularmente caramelos, dulces, gaseosas y chocolates, ya que ellos no ayudan a reponer energía como se cree. Se sugiere su sustitución por frutas.
  • Se debe evitar el consumo excesivo de cafeína (mayor a 250mg, una taza contiene 110mg, con otras fuentes adicionales), té, gaseosas o chocolate, resulta más beneficioso sustituirlos por agua mineral, jugo de frutas, leche, sales hidratantes y electrolitos por vía oral. La cafeína puede provocar dolores de cabeza, diarrea, inquietud, arritmia cardíaca, nerviosismo, irritabilidad e insomnio, implica una mayor demanda de oxígeno.
  • Se recomienda una alimentación alta en calorías con productos no perecederos, como frutas secas, avellanas, nueces, etc.
  • La dieta alimenticia debe incluir alimentos fáciles de ser digeridos y en proporciones adecuadas, puesto que en una situación de estrés, la digestión se hace más lenta por la redistribución de la sangre hacia los músculos y el cerebro, lo cual podría ocasionar problemas.
  • Evitar el consumo de alcohol.


La OPS (2006) sugiere tener en cuenta las siguientes consideraciones:
  • Se recomienda practicar regularmente 30 minutos tres veces por semana, sobre todo como medida preventiva contra el estrés, pues aporta efectos beneficiosos.
  • Resulta beneficioso hacer ejercicio físico antes de dormir, después de un período de servicio.
  • La actividad física permite metabolizar los efectos nocivos de la reacción de estrés.
  • Las sustancias como la noradrenalina hacen más vulnerable a las personas con respecto a las emociones negativas como el miedo y la cólera. La actividad física ayuda a su metabolismo.


  • Durante la fase de alarma, brindar toda la información factible a los miembros del equipo de respuesta.
  • Informar a los equipos de respuesta acerca de la condición en que se encuentran sus familiares y su localización.
  • Se debe desarrollar un sistema de acompañamiento entre los equipos de respuesta, con el fin de que ambos miembros puedan estar vigilantes y atentos entre sí, percatándose uno del otro de sus estados de ánimo, asistiéndose y dándose aliento mutuamente.
  • En las operaciones de larga duración, es saludable tomar un descanso para evitar la fatiga emocional y los errores.
  • Establecer una reunión en cada cambio de turno o de equipo para informar sobre lo que está ocurriendo, como para poder hablar acerca de sus sentimientos y emociones, sin censurarlos. Es necesario tener a alguien con quien hablar y que brinde soporte emocional para lidiar con el impacto negativo de las durezas y las vivencias de las operaciones de emergencias.
  • Resulta saludable ejecutar caminatas conjuntas lejos del área de trabajo, para platicar sobre diversos temas y no sólo de lo ocurrido en el desastre.
  • Fomentar actividades sociales y deportivas.
  • Mantener el contacto con la familia y amigos por vía telefónica. Incluir entre las cosas a empacar artículos que ayuden a mantener el contacto psicológico con la familia.
  • Fomentar la integración del equipo de trabajo, pues permite generar un sentimiento de protección que ayuda a combatir contra el estrés.


  • Las técnicas de relajación, respiración profunda y la meditación contribuyen de manera efectiva en el proceso de recuperación y de retorno a la actividad rutinaria.
  • Involucrar a la familia ayuda a prevenir posibles conflictos en su interior como resentimientos, temor por la pérdida de sus seres queridos, dado que se motiva el conocimiento mutuo, lo cual conlleva a brindarse apoyo mutuo.
  • El consumo de alcohol no es aconsejable porque al final actúa como depresor, acarreando la evocación masiva de recuerdos desagradables que generan malestar psicológico.
  • Escribir relatos de lo ocurrido permite revalorar lo sucedido y darle sentido a su papel desarrollado frente a dicha situación, lo cual es a la vez una oportunidad para expresar sentimientos al respecto.


Referencias Bibliográficas

OPS. (2006). Guía práctica de la salud mental en situaciones de desastres. Recuperado de: http://www.who.int/mental_health/paho_guia_practicade_salud_mental.pdf

OPS. (2010). Apoyo psicosocial en emergencias y desastres: Guía para equipos de respuesta. Recuperado de: http://api.ning.com/files/953bHOXu9W1Ahxrrln1TQ3DdRPKZf5-fVggPdk83mW9*cTAvj4onWTDWEweLXYRXsPlACTHwwcQ0EW3RH6aa0pxylSX-8Oqz/APOYOPSICOSOCIALENEMERGENCIASHUMANITARIASYDESASTRES.pdf


I CONGRESO INTERNACIONAL DE PSICOLOGÍA

MEDIDAS PSICOSOCIALES DE PREVENCIÓN DE DESASTRES EN AMÉRICA LATINA

PONENTE: Dr. Enrique Stein Sivovich


El Dr. Stein nos dice que en el Informe Mundial de desastres 2012, se dio a conocer una actitud renuente por parte de los políticos como de los habitantes para brindar asistencia humanitaria.

 Asimismo, expresa que los eventos naturales se pueden transformar en desastres por: la vulnerabilidad humana (pobreza, inequidad social, entre otros), la degradación ambiental, el rápido crecimiento poblacional, la falta de políticas de prevención y otros más.

El MINDEF crea la secretaria de emergencias sociales para lidiar con el número inesperado de muertes, los daños a la infraestructura, la escasez de alimentos, las epidemias raras (enfermedades transmisibles por condiciones insalubres y hacinamiento), manifestó el Dr. Stein.

Entre los desastres más fuertes que han acontecido se pueden mencionar al terremoto italiano y la ola de calor en Rusia, han ocurrido 20 terremotos de magnitud 7 o más hasta septiembre, expresó.


  El Dr. Stein manifiesta que la amenaza es el factor externo del riesgo, mientras que la vulnerabilidad es el factor interno del riesgo, el cual determina la predisposición del daño frente a una amenaza específica. El riesgo constituye los probables daños sociales en un lugar. Los factores sociales, institucionales, grupales e individuales, como los que afectan el proceso salud - enfermedad actúan sobre la vulnerabilidad de las personas.

Por otra parte, afirma que los factores asociados a la salud mental son: el evento, la comunidad y su idiosincrasia y que los efectos que trae consigo un desastre son: Depresión mayor, SPTP, incremento en las adicciones y en las patologías preexistentes.

Da a conocer, asimismo, su desacuerdo con el DSM V, el cual manifiesta tiende a patologizar las reacciones de las personas, cuando muchas de ellas son normales, sobre todo frente a un desastre, por lo que resalta que los problemas psicosociales y emocionales no son determinantes de patologías.

En cuanto a la pirámide  de los desastres, nos dice que en primer orden de afectación se encuentran las víctimas, en segundo lugar,  las organizaciones, familias, rescatistas y profesionales, y al último el resto de la población.

Para sobrellevar los problemas frecuentes se emplean modelos de intervención basados en el trauma, modelos clínicos  con impacto masivo y dinámicas colectivas. De igual modo, en términos de prevención, se busca eliminar o reducir las condiciones  de vulnerabilidad y los factores de riesgo. También, se pretende involucrar a la población en la respuesta colectiva (participación social). Desde un enfoque comunitario,  se busca  atender situaciones particulares y promover el trabajo en redes, así lo afirmó el Dr. Stein.

El Dr- Stein sostuvo que los desafíos al respecto son: intervenir en la fase aguda, promover la continuidad de los servicios preexistentes en la fase post aguda, evitar psicologizar, desarrollar elementos de prevención y  considerar los desafíos éticos.

Las claves comunitarias de impacto son: proceso de duelo masivo, la criminalización y culpabilización, desestructuración organizativa.

Respecto a la relación entre los desastres y las psicopatologías, nos menciona que la prevalencia de SPTP es baja, sólo el 9% de individuos lo experimentan en determinados momentos, suele observarse manifestaciones, como aislamiento social, recuerdo, retorno permanente de la experiencia traumática. Además, aclara que no se recomienda instalar la normalidad antes de tiempo, ya que puede generar posible identificación con el afectado, desaliento de la acción solidaria, disculpabilizar a los responsables, entre otros más.

Ante ello, resalta que el rol de los psicólogos es educar y brindar soporte social, notificar la muerte de las víctimas del desastre, ayudar como defensores, pues de algún modo u otro somos partes de los damnificados.

Para concluir, nos recalca la importancia de las estrategias en redes, la creación de comités universitarios para la disminución del riesgo.